Dos cosas que los criminales saben sobre la violencia y que tú también deberías saber

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Dos cosas que los criminales saben sobre la violencia y que tú también deberías saber

Hace unos días publiqué un podcast donde ponía sobre la mesa la necesidad de pensar como un criminal si queremos ser efectivos protegiéndonos de ellos. El podcast estaba más centrado en temas amplios y generales de protección personal, y en este artículo me gustaría tratar la vertiente más “física” de la situación. Mi intención es hablar de dos elementos clave sobre cómo los criminales abordan la violencia, elementos que los convierten en más efectivos que la mayoría de practicantes de artes marciales.

1. Los criminales van a lo simple

los artistas marciales SE COMPLICAN

Hace poco charlaba con mi amigo Steve Williams (con quien grabé la serie descargable Extreme Impact) durante un seminario de la British Combat Association (BCA). Steve me explicaba que en todos sus años trabajando en el servicio de prisiones, nunca escuchó a ningún criminal describiendo los detalles sobre cómo enfocaban las situaciones violentas. Pregúntale a un practicante de artes marciales cómo lidiaría con un escenario concreto y seguramente te dará una respuesta muy técnica y detallada. Haz la misma pregunta a un criminal y simplemente te dirá algo así como ¡le reventaría la #@#@#! o ¡le #@#@# hasta los huesos!.

El criminal no piensa en categorías técnicas como sí lo suele hacer el artista marcial. Piensa en clave de actitud y estrategia. Solo con esto, un criminal puede ser mucho más efectivo que el técnico y “hábil” practicante de artes marciales.

Hace años me enseñaron una “jerarquía de la efectividad” en un curso de Dennis Martin, en la BCA. Se presentaba como una pirámide con las cosas más importantes en la base y las menos en el pico. El orden desde la base hacia arriba, de más importante a menos importante, era el siguiente:

  • Actitud.
  • Estrategia.
  • Táctica.
  • Técnica.
  • Herramientas (kit).

La idea es que una persona agresiva usando un ladrillo (actitud alta, herramienta baja) sería más peligrosa que una persona con una pistola si la usase sin confianza o de modo incompetente (herramienta alta, pero bajo en todo lo demás).

Te habrás dado cuenta de que el criminal se centra en los dos factores más importantes (actitud y estrategia), mientras que el artista marcial tiende a enfatizar la técnica en su mente y en su práctica (tan alto como uno se pueda situar en la pirámide del combate sin armas).

Aunque la técnica es importante, la actitud y la estrategia lo son aún más. El criminal ha aprendido esto a través de la experiencia directa. El "moral" artista marcial necesita entender esto para que su entrenamiento de protección personal también enfatice la actitud y la estrategia simple.

Marc MacYoung, uno de los mayores expertos en la realidad de la violencia criminal, remarcó una vez que el área "física" de la protección personal se podría resumir en solo tres palabras: HIM – DOWN – NOW ( él – neutralizar – ahora). Fíjate en su simplicidad y cómo refleja lo que el criminal concibe como lo más efectivo.

La violencia es moralmente neutra. Es la finalidad lo que determina si la violencia es o no es ética. Si usas la violencia para herir a otros por placer o provecho personal, esa violencia es inmoral. Si usas la violencia para protegerte a ti o a otros del peligro, esa violencia es moral. Pero la moralidad no tiene que ver en cómo de efectiva será esa violencia. Podemos aprender del crimen y asegurarnos de que nuestra violencia moral sea tan eficiente como su violencia inmoral. Enfatizar la actitud y una estrategia simple es vital para ello.

Violencia callejera

2. Los criminales entienden la necesidad de actuar desde LA VENTAJA

Los artistas marciales sobreestiman la eficacia de los movimientos de reacción desde LA DESVENTAJA

Los criminales en general no actúan a menos que se sientan seguros de conseguir su objetivo. Lo último que quieren es una “pelea”. Usarán el elemento sorpresa, la superioridad numérica y armas para minimizar el riesgo. Sin embargo muchos practicantes de artes marciales piensan en la protección personal como una pelea callejera, una situación que se resuelve comparando el nivel de las habilidades de combate. El criminal sabe lo distinto que es eso.

Cuando la situación llega al plano “físico”, el criminal sabe que lo que necesita es mantener su ventaja, y seguirla explotando de forma violenta. Contrariamente, lo que a menudo vemos en los entrenamientos de "defensa personal" en las artes marciales, es la premisa de que el practicante actuará siempre desde una posición de desventaja.

El artista marcial enseña cómo detener los golpes del enemigo, cómo escapar de sus agarres, y así sucesivamente. El criminal siempre se presenta en una posición dominante. Las técnicas defensivas tienen su espacio, pero cuando la situación llega a lo “físico”, lo pertinente es arrollar al criminal con nuestra violencia moral en vez de tratar de reaccionar a su violencia inmoral. Debemos buscar la posición de ventaja.

Este supuesto, la aceptación permanente de la desventaja, se ve también reflejado en el lenguaje que utilizan los artistas marciales. El criminal se suele etiquetar como el “atacante”, a quien se le asume una ventaja sobre el “defensor”. Por eso prefiero el término “protección personal” a “defensa personal”, porque "defensa" implica que vamos por detrás, reaccionando al ataque del criminal (aunque admito que el uso legal y cotidiano del término “defensa personal” es inevitable a nivel global).

Llegado el punto donde la violencia no puede evitarse, entonces ha de ser el criminal quien debe ser puesto en la posición de “defensor”. Tenemos que actuar con contundencia y explosividad y, como les suelo decir a mis alumnos, ser “un tifón de puños y pies”. En cuanto se abra la posibilidad de escapar, entonces es importante que lo hagamos, por causas legales y tácticas. Pero esa oportunidad la obtendremos mediante el uso proactivo de la violencia. No reaccionaremos a lo que el criminal hace; él se verá obligado a reaccionar a lo que nosotros hagamos.

Está claro que el criminal parte de una posición de ventaja, porque es quien busca premeditadamente la violencia. Sin embargo, una vez seamos conscientes de la situación, no podemos pensar con un chip reactivo, en una categoría mental de desventaja, si queremos revertir la situación y ponernos por delante.

W. E. Fairbairn, una leyenda dentro del mundillo del combate militar a mano vacía, dijo “Tenemos que hacer que nuestros alumnos tengan mentalidad de atacante, ¡y de uno muy peligriso!” Me parece un buen consejo. Nosotros nunca seremos el origen de la violencia, pero una vez no podamos evitarla, la situación necesita escribirse bajo nuestros propios términos.

Para que nuestra protección personal sea lo más efectiva posible, necesitamos aprender de nuestro enemigo. El criminal sabe por experiencia lo que funciona mejor.

Criminal en actitud de violencia

CONCLUSIONES

En resumen, de cara a la protección personal “física”: debemos enfatizar la actitud y la estrategia por encima de la técnica. La actitud debe ser de desafío agresivo. La estrategia ha de consistir en causar de forma explosiva daño al criminal, teniendo en cuenta lo que permita la ley, con el objetivo de escapar. No podemos complicarnos enfocando la violencia como una cuestión técnica donde “si él hace esto, yo hago aquello”. Algo común en las artes marciales, pero lejos de cómo enfocan la violencia los criminales. Eso nos debería decir algo.

Cuando la violencia física sea inevitable, necesitamos buscar la ventaja y situar al criminal en el plano de la reacción, en vez de dar por sentado que nosotros somos los que tenemos que reaccionar a ellos (lo que efectivamente pondrá al criminal al mando).

El criminal tiene contacto con la violencia y la utiliza con mucha más frecuencia que la vasta mayoría de practicantes de artes marciales. Son sus “gajes del oficio”. Saben lo que funciona… y por eso buscan siempre abordar la situación desde una posición dominante y ventajosa.

La técnica y los métodos defensivos son importantes; pero la actitud, la estrategia y la necesidad de dominar desde una posición de ventaja son MUCHO más importantes.

Cualquier método que busque transformar en inefectiva la violencia de un criminal, necesita ser al menos tan efectivo como esa violencia.

No tener en cuenta o no aprender lo que hace efectiva la violencia de un criminal, no usar ese conocimiento para contrarrestar la violencia criminal de manera efectiva, nos conducirá seguro al desastre. Un enfoque centrado en la reacción y en la técnica tiene sus limitaciones contra la violencia real; por eso los criminales no operan de esa manera.


Artículo original escrito por Iain Abernethy y traducido con su permiso. Léelo en inglés aquí.

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