La Falacia de la Cima

Portada. La falacia de la cima

La Falacia de la Cima

En las Artes Marciales, particularmente en los estilos más tradicionales, es costumbre que los alumnos valoren las habilidades marciales personales del instructor por encima del resto de factores. Se piensa que, para que el profesor sea capaz de guiar al estudiante en su desarrollo personal, este debe representar la cima del arte.

Por supuesto, un profesor ha de tener conocimientos profundos de lo que enseña, y haber investigado en profundidad lo que quiera transmitir, pero en este artículo exploraremos por qué las habilidades personales no deberían ser la única medida a la hora de valorar a los instructores.

1. QUÉ ES LA 'FALACIA DE LA CIMA'

En sistemas complejos de entrenamiento como las Artes Marciales, y especialmente en aquellas donde la habilidad en combate se entrelaza con un paquete más amplio de "habilidades vitales", es importante que quienes enseñen demuestren un nivel profundo de experiencia durante todo el proceso. En particular, a la hora de mantener una tradición o linaje, el instructor ha de probar que comprende a fondo la disciplina que se encarga de preservar. Creo que esto no está en duda para nada y tampoco que los representantes de las tradiciones antiguas son parte fundamental del panorama marcial, incluso para aquellos de nosotros que nos hemos alejado de esos círculos.

Sin embargo se da una situación curiosa, muy generalizada en las artes tradicionales, en la que se espera que el instructor sea "el mejor" exponente en la sala. Cuando preguntas a un artista marcial sobre su maestro, lo más normal es que te conteste comentando cuan buenas son sus habilidades, cómo de brillantes sus aplicaciones del arte, o cuan únicas las habilidades de su cuerpo.

En las Artes Marciales surgen comportamientos extraños a causa de esta veneración al maestro, a diferentes escalas que pueden ir desde las acciones más simples a completos lavados de cerebro. Estos hábitos extraños no son poco frecuentes, y con una simple búsqueda en Youtube se pueden encontrar alumnos volando ante el toque más sutil del maestro. Por supuesto, en esta búsqueda también se puede encontrar a luchadores de verdad disolviendo estas ilusiones.

Chi Master

Estas extravagancias de las Artes Marciales se pueden rastrear hasta llegar a un problema que yo llamo "la falacia de la cima": la falsa asunción en la que el entrenador debe ser el ejemplo del nivel más alto de la disciplina.

2. UN CAMBIO DE PERSPECTIVA

Para desarrollar esta idea será útil analizar la situación dentro del deporte de élite. Piensa en el coach de tenis de Roger Federer. ¿Crees, aunque sea por un minuto, que podría ganarle un partido a su alumno? ¿Qué hay del entrenador de Conor McGregor? Apostaría a que McGregor lo derrotaría rápidamente en un verdadero combate de MMA. Y en cuanto al entrenador de boxeo de Mike Tyson, no existe un solo escenario en el que pudiera ganarle sobre un ring. De hecho, podemos afirmar lo mismo de cualquier medallista de oro olímpico o campeón del mundo en prácticamente todos los deportes.

Cuando por ejemplo nos fijamos en los deportes de combate u otras Artes Marciales que no tienen tanta carga tradicional, vemos que impera una idea diferente a la de concebir al maestro como la cima del sistema. El interés principal es ¿Puede este entrenador desarrollar mis habilidades? y no ¿Puede este entrenador ganarme en un combate? Creo que este cambio de foco es uno de los factores que ha permitido a los referentes de estas disciplinas alcanzar mayores aptitudes combativas y habilidades corporales básicas con más rapidez.

Coach de boxeo centrado en su pupilo

El auténtico papel del entrenador es priorizar al alumno por encima de las demás consideraciones, especialmente sobre la tradición o las etiquetas prescritas por la disciplina. El instructor debe preocuparse por conseguir los mejores resultados para cada individuo. Este objetivo entra en conflicto no pocas veces con la dinámica tradicional, donde se te restringe al "proceso" marcado por la tradición. Un profesor podría investigar y entender nuevas y más eficientes metodologías de enseñanza para un objetivo concreto, pero no sería aceptado como un método "auténtico" dentro del contexto del arte.

Es más, cuando el estilo es lo primero, es cuando más se espera que el instructor represente la habilidad más alta, el "maestro". Él tiene el rango más alto del arte, y de cara al camino del alumno, a más alto el grado, más habilidad personal. Sin embargo, llega un punto en que la habilidad personal del instructor se vuelve cada vez menos importante comparada con su habilidad para enseñar.

Algunos de los mejores gimnasios de Brazilian JiuJitsu del mundo están gestionados por instructores que ya no podrían derrotar a sus estudiantes de élite. Si cuando uno entra en estos gimnasios solo juzga el estilo basado en la habilidad personal del instructor, no sabrá ver la brillante la habilidad en coaching del entrenador. Un claro ejemplo de esto es el profesor John Danaher, un mago del BJJ y entrenador de algunos de los atletas más reconocidos de submission grappling. Debido a problemas de rodilla nunca pudo competir o lograr resultados de élite, y sin embargo de su mano han salido grandes nombres del deporte moderno.

John Danaher, instructor referente de Artes Marciales

Por supuesto, con esto no quiero sugerir que la habilidad personal sea totalmente irrelevante. El verdadero instructor de Artes Marciales debe mostrar un alto grado de experiencia en el arte o método que esté enseñando. Pero cuando queremos analizar lo necesario para producir resultados a nivel individual, la habilidad personal del instructor rápidamente pasa al trasfondo. Un complemento interesante para el desarrollo del atleta.

Si esto es así, ¿por qué la falacia sigue tan extendida? Parece que el primer interés de casi todos los artistas marciales que me visitan es ¿Qué puede hacer Chris? Por supuesto, yo estoy más que encantado de mostrarlo, pero no deja de resultarme divertido cuando veo que este es el foco. Demasiados artistas marciales tienen esta perspectiva. He viajado para ver muchos de los referentes de muchas Artes Marciales, y en casi todos los casos, las preguntas más importantes de la gente eran:

  • ¿Cómo es de bueno?
  • ¿Pudiste hacerle esto?
  • ¿Pudiste hacerle aquello?

Nunca me han preguntado...

  • ¿Aprendiste mucho?
  • ¿Era un buen instructor?
  • ¿Cómo te enseñó?

Si te pones a pensarlo, es realmente un fenómeno extraño.

3. ARTES MARCIALES, EL VALOR DE SABER ENSEÑAR

Desde luego existen muy buenas razones para que las Artes Marciales hayan tomado tradicionalmente esta aproximación. En los días antiguos, la habilidad del artista marcial a menudo significaba la habilidad de matar a un oponente. Por esta razón mucha gente acudía en bandada hacia ciertos artistas marciales, especialmente en el Japón feudal, donde un experto como Miyamoto Musashi acumulaba hordas de guerreros llamando a su puerta para aprender sus habilidades.

Es este proceso, el proceso del valor basado en el logro personal, lo que nos ha llegado hasta nuestros tiempos modernos. Es más, en muchas Artes Marciales se considera una parte de la tradición: son los más talentosos o técnicamente más avanzados quienes acaban encargados de mantener y pasar la tradición, independientemente de su habilidad para enseñar. Así se asegura un nivel alto en la línea de sucesión.

Sin embargo hay un problema con este enfoque, uno que vemos detrás de muchas Artes Marciales donde el nivel técnico del estilo ha ido bajando considerablemente generación tras generación. El problema no está tanto en la habilidad técnica del heredero elegido sino en su habilidad para enseñar. Para empezar, alguien dedicado a su propio entrenamiento quizá no haya pasado mucho tiempo aprendiendo métodos de enseñanza o coaching. He visto a muchos artistas marciales brillantes desmoronarse intentando enseñar en una sala llena de alumnos expectantes. Además, a medida que el profesor o el instructor jefe envejece o se lesiona, seguramente sera incapaz de mantener su mejor nivel, y esas habilidades en las que los alumnos ponían tanta fe empezarán a fallar.

Practicante mayor de Artes Marciales (BJJ)

Para mí está claro que la habilidad para enseñar y la habilidad para situar al alumno antes que al sistema, poner al individuo en el centro del entrenamiento, debería ser la medida más importante. Eso no significa que tengamos que asumir como correcto el antiguo proverbio "aquellos que no pueden, enseñan". Si los profesores mismos no pueden ejecutar bien o no han practicado en el pasado aquello que enseñan con un mínimo, desde luego deberíamos sospechar. Pero sí que se puede decir que las habilidades personales del maestro, que podrían verse limitadas por la biología, la edad, las lesiones, la concentración u otros factores individuales, no deberían representar el máximo valor para el estudiante.

CONCLUSIONES

En conclusión, la habilidad de ayudar a otro a crecer es una que no se encuentra muy a menudo. Es más, las habilidades para entrenar bien a una persona en el combate o en las Artes Marciales es rara. Encontrar a alguien con esta capacidad y centrada en priorizar a sus estudiantes, es toda una rareza. Uno tiene que esforzarse para encontrarlo, y por eso debemos valorarlo cuando lo hagamos.

Este tipo de personas existen en todas las disciplinas, en todas las metodologías, pero, ciertamente, son raras. Cuanto antes valoremos la habilidad del instructor para enseñar (junto a su habilidad para “hacer”), antes se pondrán las Artes Marciales a la altura del resto de prácticas de élite que hay en el mundo.


Artículo original escrito por Chris Davis y traducido con su permiso. Léelo en inglés aquí.

Puedes seguir a Chris en su sitio web, Facebook e Instagram.​

En las Artes Marciales, particularmente en los estilos más tradicionales, es costumbre que los alumnos valoren las habilidades marciales personales del instructor por encima del resto de factores. Se piensa que, para que el profesor sea capaz de guiar al estudiante en su desarrollo personal, este debe representar la cima del arte.

Por supuesto, un profesor ha de tener conocimientos profundos de lo que enseña, y haber investigado en profundidad lo que quiera transmitir, pero en este artículo exploraremos por qué las habilidades personales no deberían ser la única medida a la hora de valorar a los instructores.

1. QUÉ ES LA ‘FALACIA DE LA CIMA’

En sistemas complejos de entrenamiento como las Artes Marciales, y especialmente en aquellas donde la habilidad en combate se entrelaza con un paquete más amplio de “habilidades vitales”, es importante que quienes enseñen demuestren un nivel profundo de experiencia durante todo el proceso. En particular, a la hora de mantener una tradición o linaje, el instructor ha de probar que comprende a fondo la disciplina que se encarga de preservar. Creo que esto no está en duda para nada y tampoco que los representantes de las tradiciones antiguas son parte fundamental del panorama marcial, incluso para aquellos de nosotros que nos hemos alejado de esos círculos.

Sin embargo se da una situación curiosa, muy generalizada en las artes tradicionales, en la que se espera que el instructor sea “el mejor” exponente en la sala. Cuando preguntas a un artista marcial sobre su maestro, lo más normal es que te conteste comentando cuan buenas son sus habilidades, cómo de brillantes sus aplicaciones del arte, o cuan únicas las habilidades de su cuerpo.

En las Artes Marciales surgen comportamientos extraños a causa de esta veneración al maestro, a diferentes escalas que pueden ir desde las acciones más simples a completos lavados de cerebro. Estos hábitos extraños no son poco frecuentes, y con una simple búsqueda en Youtube se pueden encontrar alumnos volando ante el toque más sutil del maestro. Por supuesto, en esta búsqueda también se puede encontrar a luchadores de verdad disolviendo estas ilusiones.

Chi Master

Estas extravagancias de las Artes Marciales se pueden rastrear hasta llegar a un problema que yo llamo “la falacia de la cima”: la falsa asunción en la que el entrenador debe ser el ejemplo del nivel más alto de la disciplina.

2. UN CAMBIO DE PERSPECTIVA

Para desarrollar esta idea será útil analizar la situación dentro del deporte de élite. Piensa en el coach de tenis de Roger Federer. ¿Crees, aunque sea por un minuto, que podría ganarle un partido a su alumno? ¿Qué hay del entrenador de Conor McGregor? Apostaría a que McGregor lo derrotaría rápidamente en un verdadero combate de MMA. Y en cuanto al entrenador de boxeo de Mike Tyson, no existe un solo escenario en el que pudiera ganarle sobre un ring. De hecho, podemos afirmar lo mismo de cualquier medallista de oro olímpico o campeón del mundo en prácticamente todos los deportes.

Cuando por ejemplo nos fijamos en los deportes de combate u otras Artes Marciales que no tienen tanta carga tradicional, vemos que impera una idea diferente a la de concebir al maestro como la cima del sistema. El interés principal es ¿Puede este entrenador desarrollar mis habilidades? y no ¿Puede este entrenador ganarme en un combate? Creo que este cambio de foco es uno de los factores que ha permitido a los referentes de estas disciplinas alcanzar mayores aptitudes combativas y habilidades corporales básicas con más rapidez.

Coach de boxeo centrado en su pupilo

El auténtico papel del entrenador es priorizar al alumno por encima de las demás consideraciones, especialmente sobre la tradición o las etiquetas prescritas por la disciplina. El instructor debe preocuparse por conseguir los mejores resultados para cada individuo. Este objetivo entra en conflicto no pocas veces con la dinámica tradicional, donde se te restringe al “proceso” marcado por la tradición. Un profesor podría investigar y entender nuevas y más eficientes metodologías de enseñanza para un objetivo concreto, pero no sería aceptado como un método “auténtico” dentro del contexto del arte.

Es más, cuando el estilo es lo primero, es cuando más se espera que el instructor represente la habilidad más alta, el “maestro”. Él tiene el rango más alto del arte, y de cara al camino del alumno, a más alto el grado, más habilidad personal. Sin embargo, llega un punto en que la habilidad personal del instructor se vuelve cada vez menos importante comparada con su habilidad para enseñar.

Algunos de los mejores gimnasios de Brazilian JiuJitsu del mundo están gestionados por instructores que ya no podrían derrotar a sus estudiantes de élite. Si cuando uno entra en estos gimnasios solo juzga el estilo basado en la habilidad personal del instructor, no sabrá ver la brillante la habilidad en coaching del entrenador. Un claro ejemplo de esto es el profesor John Danaher, un mago del BJJ y entrenador de algunos de los atletas más reconocidos de submission grappling. Debido a problemas de rodilla nunca pudo competir o lograr resultados de élite, y sin embargo de su mano han salido grandes nombres del deporte moderno.

John Danaher, instructor referente de Artes Marciales

Por supuesto, con esto no quiero sugerir que la habilidad personal sea totalmente irrelevante. El verdadero instructor de Artes Marciales debe mostrar un alto grado de experiencia en el arte o método que esté enseñando. Pero cuando queremos analizar lo necesario para producir resultados a nivel individual, la habilidad personal del instructor rápidamente pasa al trasfondo. Un complemento interesante para el desarrollo del atleta.

Si esto es así, ¿por qué la falacia sigue tan extendida? Parece que el primer interés de casi todos los artistas marciales que me visitan es ¿Qué puede hacer Chris? Por supuesto, yo estoy más que encantado de mostrarlo, pero no deja de resultarme divertido cuando veo que este es el foco. Demasiados artistas marciales tienen esta perspectiva. He viajado para ver muchos de los referentes de muchas Artes Marciales, y en casi todos los casos, las preguntas más importantes de la gente eran:

  • ¿Cómo es de bueno?
  • ¿Pudiste hacerle esto?
  • ¿Pudiste hacerle aquello?

Nunca me han preguntado…

  • ¿Aprendiste mucho?
  • ¿Era un buen instructor?
  • ¿Cómo te enseñó?

Si te pones a pensarlo, es realmente un fenómeno extraño.

3. ARTES MARCIALES, EL VALOR DE SABER ENSEÑAR

Desde luego existen muy buenas razones para que las Artes Marciales hayan tomado tradicionalmente esta aproximación. En los días antiguos, la habilidad del artista marcial a menudo significaba la habilidad de matar a un oponente. Por esta razón mucha gente acudía en bandada hacia ciertos artistas marciales, especialmente en el Japón feudal, donde un experto como Miyamoto Musashi acumulaba hordas de guerreros llamando a su puerta para aprender sus habilidades.

Es este proceso, el proceso del valor basado en el logro personal, lo que nos ha llegado hasta nuestros tiempos modernos. Es más, en muchas Artes Marciales se considera una parte de la tradición: son los más talentosos o técnicamente más avanzados quienes acaban encargados de mantener y pasar la tradición, independientemente de su habilidad para enseñar. Así se asegura un nivel alto en la línea de sucesión.

Sin embargo hay un problema con este enfoque, uno que vemos detrás de muchas Artes Marciales donde el nivel técnico del estilo ha ido bajando considerablemente generación tras generación. El problema no está tanto en la habilidad técnica del heredero elegido sino en su habilidad para enseñar. Para empezar, alguien dedicado a su propio entrenamiento quizá no haya pasado mucho tiempo aprendiendo métodos de enseñanza o coaching. He visto a muchos artistas marciales brillantes desmoronarse intentando enseñar en una sala llena de alumnos expectantes. Además, a medida que el profesor o el instructor jefe envejece o se lesiona, seguramente sera incapaz de mantener su mejor nivel, y esas habilidades en las que los alumnos ponían tanta fe empezarán a fallar.

Practicante mayor de Artes Marciales (BJJ)

Para mí está claro que la habilidad para enseñar y la habilidad para situar al alumno antes que al sistema, poner al individuo en el centro del entrenamiento, debería ser la medida más importante. Eso no significa que tengamos que asumir como correcto el antiguo proverbio “aquellos que no pueden, enseñan”. Si los profesores mismos no pueden ejecutar bien o no han practicado en el pasado aquello que enseñan con un mínimo, desde luego deberíamos sospechar. Pero sí que se puede decir que las habilidades personales del maestro, que podrían verse limitadas por la biología, la edad, las lesiones, la concentración u otros factores individuales, no deberían representar el máximo valor para el estudiante.

CONCLUSIONES

En conclusión, la habilidad de ayudar a otro a crecer es una que no se encuentra muy a menudo. Es más, las habilidades para entrenar bien a una persona en el combate o en las Artes Marciales es rara. Encontrar a alguien con esta capacidad y centrada en priorizar a sus estudiantes, es toda una rareza. Uno tiene que esforzarse para encontrarlo, y por eso debemos valorarlo cuando lo hagamos.

Este tipo de personas existen en todas las disciplinas, en todas las metodologías, pero, ciertamente, son raras. Cuanto antes valoremos la habilidad del instructor para enseñar (junto a su habilidad para “hacer”), antes se pondrán las Artes Marciales a la altura del resto de prácticas de élite que hay en el mundo.

Artículo original escrito por Chris Davis y traducido con su permiso. Léelo en inglés aquí.

Puedes seguir a Chris en su sitio web, Facebook e Instagram.​

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