La vacuna del entrenamiento

La vacuna del entrenamiento - portada

La vacuna del entrenamiento

Valga este artículo como continuación del anterior Entrenar suave para ser más fuerte, en el que trato de justificar la existencia y necesidad de trabajos suaves o de baja intensidad en el entrenamiento marcial y deportivo en general.

En algunas artes y estilos, es común ejecutar formas (o incluso ejercicios en pareja) de manera muy lenta. A veces tan lenta que desespera al espectador.

“¡Qué aburrimiento!” dicen muchos. “Yo no podría hacer eso porque soy muy nervioso”... Bien, esta última sería precisamente una buena razón para practicar de semejante manera: el que ya es calmado de por sí quizá tenga menos necesidad de un trabajo lento y tranquilo...

Entrenar siempre a lo bestia “para desahogarse” realmente no funciona a la larga, puesto que perpetúa psicológica y fisiológicamente el patrón de canalización agresiva de la tensión, en lugar de un correcto entrenamiento orientado a no acumular esa presión en primer lugar.

Obviamente será necesario entrenar con potencia para desarrollar potencia, y con fuerza para obtener fuerza, pero lo del desahogo no es una buena orientación y además habría que incluir la ecuación completa al hablar de fuerza. Es decir, pensar también en términos de eficiencia y distinguir entre esfuerzo y resultado efectivo: es posible cansarse mucho sin haber conseguido gran cosa en realidad.

Sobreentrenamiento

1. BRUSQUEDAD

Al trabajar lento, no huimos de la velocidad sino de la brusquedad, pues este es el verdadero problema y evitarlo es el fin de practicar lento, buscando esa suavidad de la hoja afilada o la aguja.

Sin tener eso en cuenta, se puede conseguir ser lento y rígido (combinación bastante inútil para la vida en general), sin conseguir el fin válido, que sería poder seguir el movimiento del otro (que vendrá rápido seguramente).

Cuando uno va suave y sabe a dónde, un gesto preciso puede resultar rápido, porque barre menos espacio aunque se ejecute con calma. Cualquier persona no entrenada se sacude un mosquito velozmente cuando lo siente de repente zumbar junto a su nariz. Simplemente no hace gestos extra por el camino, y la mano ya sabe dónde está la nariz.

Con un poco de entrenamiento convendría ir aprendiendo a no romperse los morros para espantarse moscas. Eso ya es un nivel. Hay quien al sobresaltarse tensa tanto los hombros que esto no me parece una advertencia descabellada.

Así, el gesto de desviar o esquivar un puño no tiene por qué ser más rápido que eso, el problema real viene en que hay que procesar la información. Es decir, una vez desbloqueado el movimiento corporal, la velocidad estaría en la anticipación. Los luchadores rápidos lo son en buena parte porque leen pronto los mensajes del oponente y responden sin tensiones ni procesos mentales de más.

La anticipación de Mayweather

2. LA ATENCIÓN

Los que estamos practicando esas formas lentas no nos aburrimos. ¿Por qué? Porque en ese momento, aun visualizando un oponente, estamos aún más centrados en entender la propia herramienta. Estamos pendientes de tantas cosas que ir más deprisa llevaría irremediablemenrte a perdernos detalles.

Son muchos detalles. Son muchas resistencias. Y muy difícil la meta de llegar a controlar todos esos detalles sin siquiera estar pendiente. Sin cierta concentración no se puede entrenar esto, por lo que sirve también como entrenamiento mental por sí mismo.

Se practica para “cablear”, porque más tarde, en el momento de usar esas habilidades, no hay tiempo de ponerse a retocar la instalación. No sería práctico ponerse a colocar los cables cuando queremos encender una bombilla. Si la instalación ya está bien hecha y conectada, y sabemos darle a interruptor, la luz correrá llegado el momento como... bueno, como la luz, valga el ejemplo.

3. RIGIDEZ EN EL MOVIMIENTO

La incertidumbre nos provoca tensión: cuando no sabemos a dónde hay que ir (o de dónde nos van a venir), parece que intentamos instintivamente ir a todas partes a la vez, frenando con ello las trayectorias (movimientos posibles) entre sí, bloqueando el movimiento.

En psicología se considera la incertidumbre como una de las cinco causas principales del estrés. Ante esta se pueden proponer cosas como, por un lado, aprender a prevenir en lo posible, y por otro, “estar abierto a los cambios”. Las artes marciales son un reino donde la premisa “estar abierto al cambio” es fundamental.

Por eso es necesario ir despautando los ejercicios e incluyendo gradualmente cada vez más nivel de improvisación. Cuando se comprueba que una respuesta no se ha adquirido bien, puede volverse al trabajo simple y pautado del movimiento que se resiste, hasta que se comprende e incorpora al acervo de “gestos automáticos”.

4. RIGIDEZ MENTAL

La rigidez y la brusquedad son algo normal en principiantes, y se reflejan tanto corporalmente como en la actitud y el pensamiento. Quizá por ello se siguen oyendo, ante la propuesta de ejercicios lentos, cosas como “pero eso en una pelea no sirve"... claro, ni ponerse a saltar a la comba, pero ningún boxeador hará eso ante un enfrentamiento y sí en un entrenamiento. O quizá sería buena estrategia en algún caso, quién sabe…

Es importante pues diferenciar entre el desarrollo de habilidades básicas y el de técnicas. Antes de juzgar un ejercicio visto de desde fuera, habría que ver si ese tipo de ejercicio puede ayudar o no a un entrenamiento posterior dirigido al combate o a otros objetivos.

Partamos de la base de que en igualdad de condiciones, una persona que hace el ejercicio que sea tiene ventaja con respecto a una que no hace nada. Podemos poner el ejemplo de un boxeador enfrentado a un kendoka. ¿Quién ganará? Pues depende: ¿qué boxeador y qué kendoka? ¿Con qué reglas? ¿En qué situación? ¿Lleva uno como armas sus puños y el otro una katana afilada? ¿Qué arte es mejor, entonces? Este es un viejo debate, normalmente circunscrito a los que no practican ninguno.

Y no me interesa darle mucha bola pero primero vayamos más allá para entender el absurdo y así ya que estamos aprovechamos el viaje:

Supongamos dos personas idénticas, de las que una practica golf y la otra, escalada. Si un día coinciden en una boda, se emborrachan, y por cosas de la vida se pelean y gana el escalador (por poner uno). ¿Significaría esto que la escalada es mejor arte marcial que el golf?

5. REGLAS Y TRAMPAS

También habría que aclarar grandes diferencias entre unos y otros conceptos de combate.

En un combate deportivo se puede y a menudo es necesario hacer esfuerzos máximos, y para ello si hay que prepararse, han de practicarse con cierta intensidad, por más que “guardemos el cuerpo para el combate”, reservando nuestras fuerzas y usando protecciones de ser necesario en el entrenamiento regular.

En cambio, al trabajar técnicas de defensa personal las premisas son otras. Y aún se deben hacer más distinciones, pues no es igual la defensa que aprende y usa un guardia de seguridad de centro comercial que una mujer agredida en un descampado o un soldado en batalla. Existen reglas muy diferentes para cada una.

Pocas son las ocasiones en que peligra la vida de verdad, y saber evaluar cada caso, a nivel estratégico, legal, etc., puede ser más importante que todo lo demás llegado el momento. Para eso conviene estudiar un poco, y cultivar la calma ante la presión.

Y en cuanto a la parte física, al practicar técnicas y conceptos de defensa personal para casos extremos, nos orientamos a cuando de verdad peligre la vida de forma directa, situación en la que actuaremos intentando ser expeditivos y fulminantes dentro de lo que seamos capaces. Esto, obviamente, no se puede entrenar nunca así con los compañeros en un tatami.

Entrenamiento de defensa personal

6. LA VACUNA DEL ENTRENAMIENTO

Podríamos decir que, en esos casos de defensa personal para situaciones extremas, el trabajo incluiría buscar y aprender todas las cosas que en un combate deportivo serían “trampa”. Esas trampas que en definitiva se evitan por su peligrosidad y por tanto, dicho de otro modo, por su efectividad.

Y esta es en fin otra razón para entrenar suave: ampliar el campo de juego. Manejar los gestos sin la explosividad que los hace peligrosos. Extender el tiempo de lo que en la realidad transcurriría en un solo segundo, a un tiempo menos urgente que nos dé espacio para improvisar y explorar en un entorno seguro.

Así podemos contar con todas las posibilidades pero sin necesidad de hacer combates “a muerte” en cada entrenamiento. Suavizamos el trabajo para hacerlo sostenible y adquirir algo útil para cuando llegue el momento. Esto funciona como una vacuna que anima al cuerpo a luchar a baja intensidad contra un enemigo gentil, que quizá más tarde veamos en una versión menos amable.

Y quizá, con suerte y algo de prudencia, nunca veamos al enemigo en su peor versión. Pero con seguridad la vacuna de un entrenamiento adecuado y con las variaciones de intensidad oportunas nos protegerá ante la enfermedad de la rigidez y contra la infección de la brusquedad.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies