El entrenamiento interno (I): un primer paso

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El entrenamiento interno (I): un primer paso

Uno de los grandes enigmas del mundo marcial son las llamadas artes marciales internas. Al leer "interno" no podemos evitar pensar en gente moviendo los brazos despacito en el parque mientras respiran lentamente, y sin embargo estas artes reclaman un pasado glorioso y una gran capacidad para enfrentarse a cualquier otro método marcial y salir victoriosas. ¿Por qué se da esta paradoja? ¿Por qué estilos "supuestamente" tan potentes generalmente no pegan ni sellos y se derrumban ante cualquier método que realice un poco de sparring? ¿Dónde está esa fuerza interna tan famosa?

La pura verdad es que la inmensa mayoría de artistas marciales internos, ni son artistas marciales, ni entrenan interno, pero en esta serie de artículos no vamos a analizar la decadencia de estas artes. En lugar de eso nos centraremos en analizar lo que pueden aportar al artista marcial moderno.

El entrenamiento interno hace referencia a una forma muy concreta de entrenar el cuerpo humano que iremos desarrollando poco a poco. Cuando un artista marcial externo quiere ser más fuerte, rápido, o potente, generalmente recurre a entrenar en solitario con pesas y a realizar diversos ejercicios que preparen mejor su cuerpo para los rigores de la lucha. Lo mismo sucede con el entrenamiento interno… pero jugamos con una baraja diferente.

Olvidemos por un momento las etiquetas de estilo, que inevitablemente nos van a llevar a pensar en técnicas, y hablemos sólo de mecánica corporal. Cuando nos encontramos con un artista marcial interno de verdad, lo primero que nos sorprende es su enorme fuerza, estabilidad y potencia. Cada vez que interactuamos con una persona así, nos resulta agotador lidiar con ella. El esfuerzo necesario para conseguir un desequilibrio es desproporcionado, nos resulta muy pesada, muy difícil de mover, y cada vez que nos golpea parece que nos atropella un camión. Es algo chocante y que de entrada no comprendemos muy bien. ¿Por qué esa persona es tan fuerte si no está musculada y no parece atlética?

Esa fuerza extraña viene de entrenar el cuerpo de una forma distinta a la habitual y de no reaccionar ante la fuerza como lo hace todo el mundo. Cuando una persona normal camina y/o ejerce fuerza en una dirección, si tiramos de ella en esa misma dirección, se produce un desequilibrio. Un artista marcial entrenado compensa esos desequilibrios intentando dar "marcha atrás", resistiendo y buscando ángulos por los que afectar a su vez a su oponente. Es el famoso principio de suavidad del Judo: "si empujan de ti, tira; si tiran de ti, empuja". Es muy lógico, funciona estupendamente… pero no es lo que hace un artista interno. Cuando un cuerpo entrenado de forma interna se desplaza, lo hace teniendo en cuenta pares de fuerzas opuestas. Hablamos de un equilibrio dinámico en el que no hay una dirección obvia que utilizar para desequilibrar al otro y nos cuesta un riñón hacerlo mientras el otro parece no hacer "nada".

¿Dónde está la diferencia? ¿Por qué es tan importante hablar de pares de fuerzas opuestas? Un ejemplo típico de estabilidad presentado por muchos sistemas marciales es que una persona reciba un empujón y se enraíce al suelo, llevando la fuerza del empujón a la pierna atrasada. Es posible resistir mucha fuerza en esta posición, especialmente bajando la postura y dejando suficiente espacio para que la pierna atrasada se convierta en un clavo que cada vez se hinca más en el suelo… aunque si nos paramos a pensarlo no hay ningún par de fuerzas actuando aquí. Tampoco lo hay si empujamos de vuelta a quien nos empuja, chocando contra su fuerza. En ambos casos nos falta una fuerza para crear el par. Esta diferencia que no parece obvia es fundamental.

ENTENDIENDO LA CREACIÓN DE FUERZAS OPUESTAS

Planteemos un pequeño ejercicio muy sencillo. Nos ponemos de pie cómodamente erguidos. Olvidemos los mil detalles posibles, hagamos algo muy simple. Vamos a extender horizontalmente los brazos quedando en una postura en cruz, las manos abiertas presentando una palma hacia cada lado, los hombros sueltos con naturalidad. Pensemos que hay una pared imaginaria (o usemos paredes reales) a cada lado que está a unos pocos centímetros de cada palma y alternativamente vamos a intentar tocar (o a tocar si tenemos de verdad una pared) cada una de esas paredes sin mover los pies de su sitio. Si somos "normales", notaremos que nos estamos balanceando muy levemente cada vez en una dirección, intentando "llegar" a tocar con las palmas, cambiando el peso cada vez en un sentido y/o inclinando un poco el torso. Esto es fuerza normal en una dirección, la que generalmente utiliza todo el mundo.

Vamos a hacer lo mismo con fuerzas opuestas. Empecemos intentando llegar a tocar las dos paredes contrarias al mismo tiempo con cada palma, sin dejar que nuestro peso se desplace en ningún sentido. Aquí pueden pasar dos cosas: o no notamos nada, o de repente sentimos un estiramiento doloroso pero curiosamente agradable. Si no notamos nada puede ser por dos motivos: o tenemos los hombros en las orejas, o no estamos intentando tocar dos sitios opuestos a la vez. La solución es la misma, baja esos hombros y estira de verdad. Si nos gusta sufrir un poco podemos mantener la posición durante un rato y explorar esta sensación de estiramiento.

Ejercicio Interno Pared 1

Ahora viene lo bueno. Estamos tocando las dos paredes a la vez, pero queremos “tocar más” una de ellas. Cuando vayamos a hacerlo, no abandonemos ni por un momento la sensación de estiramiento en sentido opuesto. La otra palma sigue intentando desesperadamente tocar su propia pared, no dejamos que el cuerpo se incline ni cambie el peso. Menuda lucha, ¿no? Conseguir “tocar” la pared elegida sólo ha sido posible a base de añadir más intensidad en un sentido, y hacerlo sin que desaparezca la sensación anterior sólo ha sido posible si has mantenido la fuerza opuesta estirando con intensidad. Si de verdad lo estás haciendo bien deberías estar acordándote de mis muertos, ¡perfecto! Eso sí es entrenamiento interno de verdad. Has creado un equilibrio dinámico a base de estirar simultáneamente en dos sentidos opuestos.

Estos pares simultáneos de fuerza se aplican a cualquier parte del cuerpo, haciendo que cualquier tipo de desplazamiento o técnica que ejecute un artista marcial interno sean el resultado de mil pequeñas luchas entre estiramientos. Hablamos de un cuerpo soportado en todas las direcciones, de un equilibrio central. Entender esta sensación de equilibrio entre fuerzas es la base para el famoso entrenamiento de posturas estáticas que analizaremos en otro artículo.

ENTENDIENDO LA FUERZA DE EXPANSIÓN

Veamos algo más práctico, un clinch de cabeza similar al de muay thai. Es una posición muy potente que permite controlar muy bien a un oponente. Esta vez utilizaremos a un compañero de peso y fuerza similar a la nuestra para probar un par de cosas. Que nos cierre un clinch si sabe hacerlo o que abrace nuestra cabeza con sus manos si no sabe, y ejerza a continuación fuerza progresivamente hacia abajo, hasta que colapsemos mientras intentamos presentar toda la resistencia posible sólo con el cuello. No vamos a entorpecerle con nuestros brazos, ni a caminar, ni a darle rodillazos, le regalamos totalmente el clinch y sufrimos. Es importante hacerlo progresivamente para que nadie se haga daño, pero sufrir un poco nunca viene mal.

Lo que debería ocurrir es que luchamos durante unos segundos hasta que no podemos más y empezamos a colapsar. Por supuesto hay mil maneras de neutralizar esa fuerza, pero no estamos usando técnicas, sólo el cuerpo. Si analizamos nuestra resistencia y la forma en la que colapsa nuestro cuerpo, vamos a descubrir algo interesante.

Imaginemos que en nuestro cuerpo existe un triángulo en el que los hombros y la cabeza son los vértices. La reacción natural e instintiva de una persona recibiendo golpes bajo presión es hacer ese triángulo muy pequeñito, encogiéndose como una tortuga en su caparazón. Si experimentamos con nuestro compañero –y no usamos los brazos para entorpecerle– veremos que cuanto más encogidos estamos, cuanto más se elevan los hombros y cuanto más pequeño sea ese triángulo, más fácil le resulta colapsar nuestra postura.

Ejercicio interno clinch 2

Vamos a luchar contra ese instinto de encogerlo estirándonos como en el ejercicio anterior de fuerzas opuestas. Queremos que el triángulo sea enorme, que cada vez haya más distancia entre los hombros y la cabeza. La coronilla estirará hacia arriba, los hombros hacia abajo y hacia los lados. Cuando lo logremos añadimos un estiramiento del torso hacia abajo que se oponga a la cabeza que estira hacia arriba –no doblamos las rodillas, permanecemos a la misma altura–, de manera que el triángulo se convierta en una cometa.

Que el compañero vuelva a cerrarnos el clinch e intentar colapsarnos, pero esta vez en lugar de encogernos intentando hacer mucha fuerza, vamos a estar estirando en esas cuatro direcciones al mismo tiempo. Intentemos ignorar los esfuerzos del compañero, no pensemos en nuestro cuello ni en sus manos, sólo en cuatro puntos que cada vez se alejan más.

Si lo hacemos bien, nuestro compañero pondrá una interesante cara de: "¿qué leches acabas de hacer?" No habrá sido capaz de colapsarnos o habrá tenido que hacer mucha más fuerza que antes. La fuerza que podemos producir estirando en lugar de contrayendo es enorme.

Ejercicio Interno Clinch 3

ENTENDIENDO LA FUERZA DE ROTACIÓN

En las artes marciales es muy frecuente hablar de estilos circulares, que giran alrededor del oponente apartándose de sus ataques y buscando su espalda. Es una táctica muy válida y eficaz, pero en realidad se está atacando con la misma fuerza lineal en una dirección, sólo que haciendo una curva y angulando con desplazamientos. Completamente legítimo, pero no hay ningún círculo.

En el sentido marcial, moverse mediante círculos requiere un centro estable que la fuerza lineal en un único sentido no puede definir. De la misma manera que nuestro par lineal de fuerzas opuestas necesitaba extremos que estirasen, nuestro círculo de fuerzas opuestas necesita rotación alrededor de un centro. Una de las formas más fáciles de crearlo se encuentra en nuestros hombros.

Todos sabemos rotar los hombros (¿sabemos?). Si nos paramos a analizarlo, nos daremos cuenta de que cuando "rotamos los hombros" en realidad nuestra espalda está haciendo mucho más de lo que hace el hombro en sí. No es nada sencillo aislar el hombro y hacer una verdadera rotación en la articulación glenohumeral, de manera que trabaje marcialmente el puñetero hombro, que es vago como él solo.

Afortunadamente nuestro compañero nos va a ayudar a entenderlo. Vamos a pedirle que nos estire un brazo cogiendo nuestra mano con la suya mientras presiona en nuestro hombro con la otra. Le dejamos que nos colapse de manera que quedamos inclinados, con el brazo extendido. Si nuestro compañero sabe jujutsu, aikido o cualquier otro método de grappling, perfecto, pero no es necesario saber luxar para probar este ejercicio. Lo único que necesitamos es que esté atento y siga presionando en todo momento nuestro hombro hacia abajo. Necesitamos que esté atento porque estamos buscando una sensación y un movimiento que posiblemente no hayamos hecho nunca y requerimos asistencia. Él debe presionar con fuerza en todo momento para que ambas partes entiendan lo que está pasando.

Todo lo que tenemos que hacer es rotar el hombro y ponernos de pie. Tan simple como eso. Nuestro compañero hace fuerza hacia abajo, nosotros rotamos el hombro y nos ponemos de pie. Ahora es cuando nuestro compañero, atento, nos mira, siente, y nos dice qué hemos hecho o qué hemos intentado hacer. Es maravilloso descubrir de cuántas maneras podemos cagarla haciendo algo tan sencillo.

Posiblemente habremos rotado la muñeca en vez del hombro, y nuestro compañero habrá notado fuerza primero ahí; o habremos empujado con nuestro hombro contra la mano que presiona, seguramente sin mucho éxito si nuestro compañero lo hacía con fuerza; o habremos intentado girar el torso, alejarnos de su mano y un sinfín de trucos en vez de simplemente rotar el hombro como nos habían dicho.

Conseguir rotar el hombro en esta situación implica entender moverte marcialmente en círculos, sin esquivar, sin intentar escapar por ángulos raros, simplemente presentar un círculo a la fuerza recta que nos está haciendo nuestro compañero.

Si lo hacemos bien habremos presentado un par de fuerzas opuestas moviéndose en círculo, y será inmediatamente distinguible para las dos partes porque nosotros dejaremos de sentir la presión de nuestro compañero (la rotación de la articulación se la llevará por una tangente), y nuestro compañero se verá arrastrado y desequilibrado, pudiendo ponernos de pie como si tal cosa. El "truco" es no pensar en la mano que nos presiona, no intentar empujarla, sólo dejar que la articulación gire en su sitio. Increíblemente sencillo, muy difícil de entender de verdad, marcialmente MUY potente. Conseguir que el hombro rote y forme círculos NO requiere de levantarlo ni elevarlo como hacemos por instinto.

Ahora es el momento en el que si nuestro compañero sabe jujutsu, aikido, etc., se va a picar y querrá hacerlo con luxaciones de hombro más serias. Juguemos. Podemos hacer lo mismo con el codo, con la muñeca, con cualquier parte del cuerpo, en cualquier dirección y sentido, siempre y cuando sigamos presentando un círculo a sus fuerzas rectas. La capacidad de rotar manteniendo fuerzas opuestas hace que un artista marcial interno sea enormemente difícil de controlar, desarmar, luxar y retener.

EXPANSIÓN ROTANDO

¡Ya vale de que nos hagan cosas, vamos a ser activos y fastidiar de verdad a nuestro compañero!

Volvamos al ejemplo del clinch, pero esta vez vamos a agarrar nosotros. Vamos a cerrar un clinch, o abrazar su cabeza si no sabemos, no pasa nada. Evitemos el instinto de encogernos y contraernos para llevar al compañero hacia nosotros, queremos estar expandidos. Recuperemos la actitud del triángulo o cometa bien grande estirándose mientras cerramos el clinch. Antes nuestros hombros eran los vértices del triángulo, ahora queremos imaginar un triángulo más grande aún, en el que los codos son los nuevos vértices pero los hombros siguen estirando como antes. No pensemos en nuestras manos en su cabeza, sino en los codos que tiran también hacia los lados y hacia abajo.

Cerremos el clinch… y vamos a desearle suerte a nuestro compañero. Si lo hacemos bien, va a pasar unos segundos de verdadero horror para conseguir resistir el clinch o a colapsar inmediatamente. Ahora vamos a ser malignos de verdad… y rotar nuestros hombros mientras cerramos este clinch "expandido". Felicidad, agonía y múltiples improperios nos esperan.

Ejercicio Interno Clinch

CONCLUSIONES

El entrenamiento interno tiene muchas sorpresas y mucho que ofrecernos. Esto ha representado una pequeña introducción sobre el concepto de fuerzas opuestas y cómo intentar sentirlas mediante ejercicios sencillos. Lejos de las típicas atribuciones místicas, el entrenamiento interno está basado en atributos medibles y entrenables, pero sutiles y a veces contraintuitivos. En próximos artículos me gustaría poder aclarar más cuestiones sobre ello. 

Si queréis ampliar vuestros conocimientos y leer más acerca del entrenamiento interno, tendrá que ser en inglés (de momento). Os recomiendo seguir a Dan Harden, para mí uno de los más grandes maestros internos del mundo; Chris Davis, una gran promesa que quiere ofrecer un entrenamiento interno basado en atributos sin necesidad de estilos; y Allen Beebe, que transmite el Aiki como lo entendía Rinjiro Shirata.

De Chris Davis, además, podéis encontrar en este blog una traducción de un artículo suyo sobre el estado de fluidez en las artes marciales.​

¡Nos leemos en el próximo artículo!​

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